"¿Ministro de Dios o mano de obra gratuita? El drama del músico evangélico"

 

En buena parte de las congregaciones evangélicas de Guinea Ecuatorial existe una figura sin la cual ningún culto sería el mismo, pero que rara vez recibe el reconocimiento que merece: el músico. Es él quien abre la puerta de la adoración, quien sostiene el ambiente espiritual durante horas de ensayo y de servicio, y quien, semana tras semana, pone su tiempo, su talento y su energía al servicio de la congregación. Y sin embargo, en no pocas iglesias del país, ese mismo músico es tratado como un recurso desechable: se le exige presencia y perfección, pero se le niega cuidado, escucha y acompañamiento pastoral.

El pastor que vela por todos, menos por el músico

Uno de los patrones más repetidos y más preocupanteses el siguiente: el pastor, que se presenta como padre espiritual de toda la congregación, concentra su atención y su cuidado casi exclusivamente en su propia familia biológica, mientras el resto del cuerpo ministerial, y en particular el equipo de música, queda relegado a un segundo plano.

Resulta paradójico que muchas de estas mismas congregaciones prediquen desde 1 Timoteo 5:17, que habla de honrar doblemente a quienes trabajan en la predicación y la enseñanza, sin extender jamás ese principio de honra al músico, que también sirve con su don semana tras semana. El músico deja de ser visto como un hijo espiritual con necesidades reales hambre, cansancio, problemas económicos, crisis personales para convertirse en una pieza funcional: alguien que "debe estar ahí" cuando el culto lo requiere, sin que nadie se detenga a preguntarle cómo está.

Esta desatención contradice directamente el modelo pastoral descrito en 1 Pedro 5:2-3, donde se pide a los líderes cuidar el rebaño de Dios "no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto", y "no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos". Se predica el cuidado del rebaño, pero se cuida solo a una parte de él.

Versos bíblicos usados como arma, no como consuelo

Más grave aún es el uso que algunos líderes hacen de la autoridad espiritual frente al músico. Es común que se apele a pasajes como Hebreos 13:17 ("Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos") de forma descontextualizada, aislándolos de su sentido pastoral original para exigir sumisión ciega y silenciar cualquier queja legítima. De igual manera, textos como Romanos 13:1, sobre la sujeción a las autoridades, se trasladan sin matices a la relación pastor-músico para justificar exigencias que nada tienen que ver con su significado bíblico.

También se recurre con frecuencia a advertencias como la de Números 16, sobre la rebelión de Coré contra Moisés, para etiquetar como "rebelde" a cualquier músico que exprese cansancio o desacuerdo, equiparando una queja razonable con un pecado grave contra Dios.

Cuando la Palabra se convierte en herramienta de control emocional o espiritual, deja de cumplir su función de edificar como recuerda 2 Timoteo 3:16, que la describe como útil "para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" y pasa a cumplir una función de sometimiento. Esto no solo daña al músico como persona: distorsiona el mensaje mismo que la iglesia dice representar.

El estigma de "pecador" y "rebelde"

A  trato desigual se suma un estigma social dentro de la propia congregación. Basta con que un músico cuestione una decisión o muestre cansancio, para que se le etiquete como "rebelde" o se ponga en duda su espiritualidad, tildándolo de "pecador". Esta etiqueta funciona como mecanismo de silenciamiento, en abierta tensión con el espíritu de Gálatas 6:2, que llama a "sobrellevar los unos las cargas de los otros" y así cumplir la ley de Cristo, no a añadir carga sobre quien ya sirve con generosidad.

El resultado es una relación desequilibrada, donde el músico da todo y recibe, a cambio, exigencia, sospecha y silencio.

Lo que está en juego

Ignorar el bienestar físico, emocional y espiritual del músico tiene consecuencias: desgaste, resentimiento y pérdida de vocación. Y esto ocurre precisamente en el ministerio que las Escrituras sitúan en un lugar de honor: los levitas encargados del canto y la música en el templo, según 1 Crónicas 25:1, fueron "apartados para el ministerio" por decisión directa de David y los jefes del ejército, reconocidos como servidores tan esenciales como cualquier otro oficio sagrado.

Hacia una pastoral más coherente

Una iglesia que valora la música como parte esencial de su adoración no puede tratar a quienes la ejecutan como piezas intercambiables. Se necesita:

  • Cuidado pastoral real, conforme al modelo de 1 Pedro 5:2-3.
  • Uso responsable de las Escrituras, sin instrumentalizar textos como Hebreos 13:17 para presionar o amenazar.
  • Reconocimiento del ministerio musical como vocación legítima, tal como se honraba en 1 Crónicas 25:1.
  • Honra explícita hacia quienes sirven, siguiendo el principio de 1 Timoteo 5:17.

La coherencia entre lo que se predica desde el púlpito y lo que se vive tras bambalinas es la prueba más honesta de la salud espiritual de una congregación. Mientras el músico siga siendo el gran olvidado del cuidado pastoral, las iglesias evangélicas de Guinea Ecuatorial tendrán una deuda pendiente con quienes ponen su voz y su talento al servicio de la fe de los demás.

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